
'Hay dos formas de fregar los platos. La primera es fregar para tener platos limpios, y la segunda es fregar los platos para fregar los platos'. Thich Nhat Hanh
Hoy en día conocemos numerosas técnicas para practicar la meditación y el arte de aquietar la mente. Hay ejercicios tradicionales como concentrarse en un mantra, o observar como el aire entra y sale por las fosas nasales. Otros enfoques son dinámicos, para que, cansando y soltando el cuerpo, la mente pueda entrar en quietud de forma más fácil. Sería parecido al estado de calma que experimentamos en la montaña, después de una solitaria y esforzada ascensión.
Con todo, el arte meditativo por excelencia, pasa por llegar a lograr estar atento en todo momento. Prestar atención a lo que hacemos o vivimos en cada momento, sin que el recuerdo pasado o la aspiración del futuro nos saque del ahora. Que podamos experimentar paz y gozo por lo que estamos haciendo en un momento dado, más allá de su utilidad o necesidad de ser hecho.
La atención consciente tiene que ver mucho con sentir y estar en el cuerpo, con despertar nuestra capacidad de sentir. Tal como hacen los niños que, todavía no han sido condicionados por el efecto antinatural del proceso socializador. Y tiene que ver con vivir la vida con frescura, y poder experimentar novedad en las cosas ordinarias.













